Ritmos del ser: estética entre especies

 

El movimiento es una fuerza primordial en la naturaleza y en el arte, manifestándose en una vasta gama de acciones y comportamientos. Desde el aleteo meticuloso de las abejas recolectando néctar, hasta el galope libre de un caballo en la llanura; desde el suave desplazamiento de una mariposa entre flores, hasta la danza intrincada de un pájaro en vuelo, el movimiento define y embellece la existencia. En el arte, este dinamismo se refleja en la energía de las pinceladas de un pintor y en la coreografía de una performance. Estos ejemplos nos muestran cómo el movimiento es una esencia vital que infunde vida y belleza a nuestro mundo.

¿Cómo son estos movimientos y qué nos revelan sobre la esencia de cada ser?, ¿qué es lo que da forma a esta belleza en el movimiento? El pájaro sastre utiliza sus patas y pico para unir hojas en una estructura compleja, un proceso que no solo demuestra su habilidad técnica, sino que también revela un profundo sentido estético. La precisión y el cuidado con los que el pájaro ensambla estas hojas reflejan un entendimiento intuitivo de la forma y la funcionalidad, conectando el movimiento físico con una expresión artística natural, ¿cómo logra este pájaro transformar simples hojas en una estructura tan compleja y estética? De manera similar, el pájaro tejedor utiliza movimientos precisos y calculados para tejer nidos complejos con fibras vegetales, demostrando un ingenio artístico en la naturaleza, ¿qué nos dice el proceso de tejido de este pájaro, sobre su percepción del entorno y su capacidad artística?

En el ámbito artístico, el movimiento también juega un papel crucial. Cada trazo de un pintor, cada pincelada en acción, refleja el impulso creativo y emocional del artista. Esto es particularmente evidente en las obras de Vincent van Gogh, cuyas pinceladas enérgicas y expresivas llenan sus lienzos de un dinamismo palpable, sus trazos cortos y vibrantes no solo construyen la forma y el color, sino que también transmiten la intensidad emocional y la vivacidad del momento, creando un movimiento visual que guía la mirada del espectador a través de la composición. Otro artista, como Willem de Kooning, captura el instante efímero de la creación, imbuyendo sus obras con una sensación de energía y vida. Aquí, el movimiento actúa como una fuerza unificadora en la creación artística y puede ser visto no solo como un fenómeno físico, sino como una forma de comunicación y expresión estética.

En el arte digital y la performance, el movimiento se convierte en un medio de expresión fundamental, artistas como Marina Abramović exploran los límites del cuerpo y la resistencia, creando experiencias dinámicas y efímeras que se desarrollan en tiempo real. Así, el movimiento no es solo una manifestación física, sino también una metáfora para el proceso creativo en sí, donde la artista se mueve a través de ideas, emociones y conceptos para dar forma a su obra. ¿Es el movimiento físico por sí solo suficiente para generar una expresión artística, o es la combinación de factores físicos y emocionales la que transforman el movimiento en una experiencia estéticamente significativa?, ¿Cómo influyen estos factores en la percepción de la obra de arte, ya sea creada por un ser humano o un animal? ¿será que el movimiento actúa como una fuerza unificadora en la creación artística?, ¿cómo este puede ser entendido no solo como un fenómeno físico, sino como una forma profunda de estética y comunicación? ¿será que el movimiento actúa como un puente entre el arte y la naturaleza, uniendo a todas las especies en una danza universal de creación y belleza?

Explorar el movimiento, es adentrarse en la danza de la existencia misma, es desentrañar la sinfonía de cambios perpetuos que define nuestra realidad. Desde el susurro del viento en las hojas hasta el lado rítmico del corazón, el movimiento es la esencia misma del ser, una coreografía infinita que trasciende el tiempo y el espacio.

Desde la antigüedad, los filósofos han intentado captar la naturaleza del movimiento, tanto como concepto filosófico como fuerza tangible en la práctica artística. Platón y Aristóteles ofrecieron perspectivas contrastantes, mientras que pensadores como Descartes y Nietzsche exploraron el movimiento en términos de la existencia vital. 

Su origen etimológico proviene del latín “movimentum”, que a su vez deriva de “movere” que significa “mover”. Desde una perspectiva filosófica, el movimiento ha sido interpretado de diversas maneras, en la filosofía griega, Platón consideraba el movimiento como una copia imperfecta de la realidad inmutable del mundo de las ideas, distinguía entre el mundo sensible y el mundo inteligible, situando el movimiento en el primero como una imperfección en contraste con la perfección estática del mundo de las ideas, mientras que para Aristóteles el movimiento era un cambio de estado y una realidad inherente a los seres físicos. Descartes, con su famosa máxima “pienso luego existo”, vinculaba el pensamiento con el ser, sugiriendo una forma de movimiento intelectual y espiritual. Mas adelante Nietzsche, con su concepto de la “Voluntad de Poder”, veía el movimiento como una fuerza vital, una expresión del impulso fundamental de la vida hacia la creación y la autoafirmación. Heidegger, a través de su noción de “Da-sein”, contemplaba el movimiento no sólo como un desplazamiento físico, sino como una forma de existir en el mundo. Su concepto de “paseo” es una exploración del ser en movimiento, una metáfora del viaje existencial.

Así como los filósofos indagaron en el movimiento existencial, en Estados Unidos, en la década de los cuarenta, surgió una corriente de artistas que desafiaron los principios y las técnicas tradicionales del arte, dando a sus obras una impronta de carácter gestual. Estos artistas comenzaron a salpicar pintura sobre la superficie de un lienzo, sin seguir un esquema previo, creando lo que se denominó Action Painting (pintura en acción), un término acuñado por el crítico norteamericano Harold Rosenberg en 1952. Rosenberg señalaba que “lo que debe ir en un lienzo no es una imagen, sino un acto” (100 Obras Maestras de la Pintura Universal, 1972). El máximo representante de esta corriente fue Jackson Pollock, cuya característica principal era la total libertad tanto en la concepción de la obra como la técnica utilizada, mostrando como el movimiento del cuerpo puede integrarse en el proceso creativo, transformando el acto de pintar en una performance dinámica.

En su serie Convergence, creada entre 1947 y 1951, el artista, mantuvo el procedimiento compositivo que lo llevó a la fama, siendo conocido como “el profeta del goteo” (100 Obras Maestras de la Pintura Universal, 1972). En su proceso creativo, Pollock disponía su cuerpo a la praxis artística, ejerciendo el movimiento de manera coreográfica. Su cuerpo y la pintura se entrelazaban en una danza creativa, donde el acto de pintar se convertía en una performance en sí misma. El propio Pollock decía: “cuando trabajo, no soy consciente de lo que estoy haciendo. La pintura tiene ritmo y vida propia” (100 Obras Maestras de la Pintura Universal, 1972). Este enfoque permitía que la pintura fluyera sobre el lienzo desde arriba, guiada por el movimiento del artista y la gravedad, creando obras que eran tanto expresiones de su energía interna como respuestas a las fuerzas naturales.

Dentro del reino animal el pájaro tejedor, conocido por sus complejos y elaborados nidos, utiliza su cuerpo en un acto de creación que refleja un profundo conocimiento de la física y la ingeniería natural. Estos nidos no solo proporcionan un refugio, sino que son verdaderas obras de arte construídas a partir del movimiento preciso y coordinado del ave, esta esteticidad que nos impresiona tan vivamente en el comportamiento de un animal, es destacada por Etienne Souriau, en su libro “El sentido artístico de los animales”, donde subraya que “hay muchos indicios de la sensibilidad del animal a las buenas formas del ritmo (Etienne Souriau, El sentido artístico de los animales, 2002), sugiriendo que los animales pueden exhibir comportamientos estéticamente intencionados.

Según Étienne Souriau, el arte no es una prerrogativa exclusiva de los humanos. Los animales también participan en la creación artística a través de sus movimientos y construcciones, como se observa en los nidos elaborados que construyen. Souriau argumenta que estas manifestaciones estéticas en la naturaleza sugieren que los animales tienen una sensibilidad hacia la forma y el ritmo, similar a la creatividad artística humana. Por ejemplo, el pájaro hornero añade otra dimensión a la comprensión del movimiento en la naturaleza. Este pájaro es conocido por su impresionante capacidad para construir nidos en forma de horno utilizando barro y material vegetal. La construcción del nido es un proceso meticuloso y colaborativo, donde ambos miembros de la pareja participan en la recolección de barro, la mezcla con vegetación y la aplicación en capas sobre una estructura de ramas. Este proceso de construcción no solo tiene un propósito funcional, sino que también refleja una notable creatividad, habilidad técnica y sentido de la estética. Según Souriau, esta “estética del movimiento(Etienne Souriau, “El sentido artístico de los animales, 2002) surge de una combinación de “entusiasmo corporal y una excitación verdaderamente psíquica que, aunque inicialmente confusa” (Etienne Souriau, “El sentido artístico de los animales, 2002) , se traduce en formas estéticas precisas y formales. Esta estética del movimiento sugiere que los animales, al interactuar con su entorno y crear, manifiestan una capacidad para la belleza que va más allá de la mera funcionalidad.

Por otro lado, Vinciane Despret, en sus estudios sobre la relación entre humanos y animales, propone un cambio en nuestra compresión de los animales: “es más interesante considerar a los animales como seres dotados de capacidad de acción, porque nos permite entrar en un marco conceptual diferente, dejando espacio para la intencionalidad… Si vemos a los animales como seres impulsados ​​únicamente por la necesidad de sobrevivir y reproducirse, nos perdemos toda una gama de habilidades sociales y cognitivas que emplean” (Vinciane Despret, Unesco). Este enfoque sugiere que los animales no solo reaccionan a estímulos externos de manera automática e instintiva, sino que también pueden tomar decisiones y actuar con propósito. Al hacerlo, Despret argumenta que entramos en un "marco conceptual diferente", uno que reconoce la posibilidad de que los animales tengan intencionalidad, es decir, que puedan actuar con metas, deseos o planes en mente​.  Para Despret, los movimientos de los animales pueden ser entendidos como formas de expresión y de interacción con su entorno y con otros seres vivos. Esta perspectiva amplía la comprensión del movimiento más allá de su dimensión física, abarcando también su significado social y emocional.

El estudio del movimiento en la naturaleza, desde el arte del dripping de Pollock hasta la construcción de nidos por parte de los pájaros, revela una conexión intrínseca entre la estética, la funcionalidad y la expresión creativa. La forma en que los seres vivos, ya sean humanos o animales, utilizan el movimiento para crear y transformar sus entornos subraya la universalidad del arte y la belleza, destacando la danza continua que define nuestra existencia compartida.

Volviendo a la visión de Souriau, podemos preguntarnos: ¿qué es lo que cierra o completa el movimiento en el arte? ¿Es el resultado final de la creación o el proceso mismo de creación el que lleva a una comprensión estética del movimiento? ¿Cómo se entrelazan la formalidad y la emoción en la práctica artística, y cómo estas interacciones reflejan la esencia del movimiento tanto en el arte como en la naturaleza? Estas preguntas nos invitan a profundizar en la intersección entre el movimiento, la estética y la creación, nos desafían a reconsiderar nuestra comprensión del arte y de la naturaleza, reconociendo que el movimiento es una fuerza dinámica que, a través de su expresión y ejecución, revela nuevas formas de belleza y comunicación. En última instancia, el movimiento, como fuerza primordial en la naturaleza y el arte, revela una profunda conexión entre estética y funcionalidad. Desde la danza de las mariposas y el vuelo de los pájaros hasta la pintura de Pollock, el movimiento se manifiesta como un acto de creatividad y expresión. Al explorar cómo los seres vivos, ya sean humanos o animales, utilizan el movimiento para transformar sus entornos, encontramos una universalidad en la belleza y la creación.

Como vimos, la capacidad del pájaro tejedor para crear nidos complejos y del pájaro hornero para construir estructuras funcionales y estéticamente agradables, junto con el arte de Pollock y los enfoques filosóficos sobre el movimiento, subraya la idea de que el movimiento es tanto un fenómeno físico como una forma de expresión artística.

En este contexto, surgen preguntas fundamentales que invitan a una reflexión más profunda:

¿Cómo se manifiestan las cualidades estéticas en el comportamiento de los animales y qué nos enseñan sobre nuestra propia percepción artística?

¿En qué medida los movimientos naturales, como el tejido del pájaro tejedor o la construcción del nido del pájaro hornero, pueden ser considerados formas de expresión artística equiparables a las prácticas humanas?

¿Cómo puede el estudio del movimiento en la naturaleza influir en nuestra apreciación y creación de arte, desafiando nuestras concepciones tradicionales sobre la estética y la creatividad?

¿Qué conexiones podemos trazar entre el arte y la naturaleza a través del movimiento, y cómo estas conexiones pueden enriquecer nuestra comprensión de la belleza y la expresión en todas sus formas?

Estas preguntas no solo desafían nuestras percepciones actuales, sino que también abren nuevas vías para apreciar y experimentar el arte y la naturaleza, revelando una danza continua entre lo natural y lo creado por el ser humano.


Referencias bibliográficas:

Étienne Souriau. “El sentido artístico de los animales”. Editorial Cactus

Vinciane Despret. “¿Qué dirían los animales si les hiciéramos las preguntas correctas?”. Editorial Cactus.

Vinciane Despret. “Habitar como un pájaro. Modos de hacer y de pensar los territorios”. Editorial Cactus.

100 Obras Maestras de la Pintura Universal. Editorial Arte Gráfico/Editorial Argentino S.A.

Referencias digitales:

“Para luchar contra el declive de las especies, necesitamos pasiones alegres”. Vinciane Despret. El correo de la UNESCO: https://courier.unesco.org/en/articles/vinciane-despret-combat-species-decline-we-need-passions-joy

https://www.youtube.com/watch?v=EHFQph5DIWQ&t=7s

https://www.youtube.com/watch?v=pisA0AdWbLE

https://www.youtube.com/watch?v=cC1QSVplt_Q

 


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